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El Nivada Antartic Erotic

Historia

12 min de lectura
29.09.2026

Anton Vallverdú

Colaborador

Erotismo y relojería: la mecánica del deseo

Hay una tradición relojera que rara vez aparece en las historias convencionales de la relojería suiza. No porque carezca de interés técnico —en algunos casos ocurre exactamente lo contrario—, sino porque durante siglos fue una producción deliberadamente discreta: relojes eróticos, piezas concebidas para ocultar, mostrar o incluso animar escenas de carácter sexual mediante mecanismos relojeros. Por su naturaleza, y en una sociedad proclive a guardar apariencias, el tema erótico en la relojería está poco documentado, y hasta hoy solo se conoce una publicación que lo trate: Les Heures de l’Amour, de Roland Carrera.

El único libro conocido sobre relojería erótica

Orígenes

El reloj de bolsillo de los siglos XVII y XVIII no era todavía el instrumento funcional y relativamente democrático que acabaría siendo en el XIX. Era un objeto de lujo, de representación social. Como tal, un reloj podía estar decorado con distintas técnicas, mostrando en su esfera escenas mitológicas, retratos, paisajes, escenas galantes, animales, motivos religiosos o pequeñas pinturas. La caja constituía una superficie artística adicional. Pero la clave está en que se convierte en un objeto portátil. Ilustrar elementos tan pequeños y “ocultables” permitía algo particularmente atractivo: llevar consigo una imagen que no necesariamente debía ser compartida.

Objetos personales e intransferibles

Producidos principalmente en Inglaterra, Francia y Suiza, es difícil precisar la fecha de los primeros relojes eróticos, que aparecen probablemente a mediados del siglo XVII con el encargo de incluir en los relojes – grabados o pintados en esmalte – escenas en miniatura de carácter más o menos atrevido -para la época-. En estos primeros relojes se utilizan temas mitológicos o campestres para justificar la representación de personajes semidesnudos, pero éstos darán paso rápidamente a escenas más explícitas de clara naturaleza sexual, basadas en esmaltes policromados o grabados de gran detalle.

Esmaltes y autómatas

La llegada de la Ilustración y la difusión durante la segunda mitad del siglo XVIII de los escritos de Choderlos de Laclos (autor de la novela Las amistades peligrosas, ensalzada como la obra maestra de la literatura erótica occidental) o del Marqués de Sade crearon en Europa el ambiente propicio para la difusión de este tipo de relojería erótica entre la aristocracia y la pujante burguesía.

Las imágenes estáticas están muy bien, pero el cliente quería “acción”. El siguiente paso consistió en dotar a la escena de movimiento. Los relojeros dirigieron su atención hacia una tecnología que ya conocían por haberse aplicado a “juguetes de ricos” y relojes de torre: los autómatas y los jacquemarts, respectivamente.

Los autómatas añadían acción al reloj erótico
Detalle de la acción en un reloj erótico

Los autómatas eran generalmente muñecos animados por complejos sistemas mecánicos que les permitían ejecutar distintas acciones, desde parpadear hasta servir líquido de una jarra a un vaso o simular que escribían. Los jacquemarts eran figuras tradicionalmente asociadas a relojes de torre y mecanismos sonoros, ya que su función era básicamente tañer las campanas. El desarrollo de la relojería mecánica de los siglos XVIII y XIX permitió miniaturizar progresivamente esos principios. Y aquí destaca un nombre con luz propia: Pierre Jaquet-Droz

Jaquet-Droz

Nacido en 1721, este desarrolló una extraordinaria actividad en relojería, autómatas y objetos mecánicos destinados a las adineradas cortes europeas y asiáticas, creando delicados pájaros cantores para cajas de rapé. El siguiente paso fue poder insertar este tipo de máquinas en los relojes de bolsillo para crear personajes que se movieran. Estos autómatas eran generalmente figuras de metal dorado sobre fondos grabados o esmaltados, lo que requería la colaboración de los relojeros con joyeros y esmaltadores. 

Una pieza especialmente conocida es el Jaquet-Droz Nº 24, fechado aproximadamente hacia 1790 y realizado para el mercado chino, gran cliente de la relojería europea en general y de la erótica en particular.

La repetición como complicación

El reloj erótico ofrecía además una aplicación particularmente ingeniosa de la complicación de repetición: el hecho de que los movimientos eróticos sean repetitivos permitía activar la escena mediante el mecanismo de repetición, con lo que ambas funciones se acompasaban al son de los martillos sobre los gongs. No solo Jacquet-Droz: Breguet también produjo sofisticados ejemplares basados en esta temática.

El detalle erótico podía estar a la vista. O casi

La Iglesia no estaba muy de acuerdo

Como es de suponer, esta moda no fue bien recibida por la Iglesia, siendo a menudo censurada en Francia o Inglaterra. En 1817 se prohibió la fabricación y venta de relojes eróticos en ciertas regiones de Suiza, concretamente en los cantones de Ginebra y Neuchâtel, donde las piezas existentes fueron sistemáticamente destruidas. Por su parte, en 1865, el Museo Británico los retiró de la vista pública para incluirlos en la colección Secretum. Todavía hoy, aunque pueden verse en el catálogo online, siguen not on display.

El Museo Británico muestra-oculta relojes eróticos

Caída y vulgarización

Todas las modas pasan, y esta no fue una excepción. A partir del siglo XIX el uso del reloj se populariza (Breguet había lanzado su reloj de suscripción en 1796) y el tema erótico sobrevivió de forma más discreta, aunque perdió progresivamente la posición privilegiada que había tenido durante el siglo XVIII.

A principios del siglo XX vuelve temporalmente la moda y se producen en Suiza relojes “populares”, con una escena bastante explícita pintada en la esfera y una única figura móvil en ella: el miembro del protagonista masculino conectado al volante que late bajo dicha esfera. La particularidad aquí no está en lo poco sofisticado tanto de la escena como del calibre que la anima (movimientos industriales sin ninguna decoración) o la caja de metal niquelado, sino en el hecho de que ya no estamos ante el concepto aristocrático de “secreto oculto”: estos relojes no tienen tapa ni ningún otro sistema de ocultación, y la escena en cuestión está permanentemente a la vista. Hoy día, las casas de subastas suelen ofrecer bastantes unidades procedentes de esta época y son, como entonces, meras curiosidades.

Relojes con poco encanto, pero con su público

El renacimiento

Ya en la época del reloj de pulsera, pasamos rápidamente por la pre y post crisis del cuarzo, cuyos ejemplos son todavía más lamentables que los de principios de siglo, y llegamos al renacimiento de la relojería mecánica. En 1981 un par de visionarios resucitan la marca Blancpain y marcan el punto de partida de este renacimiento. En 1988 presentan un repetición de minutos ultradelgado, y en 1993 presentan versiones mostrando escenas eróticas en su parte trasera, recuperando así no solo la discreción de lo oculto sino también los oficios artesanos del grabado, el esmalte y la orfebrería para los autómatas. Presentados como piezas únicas, muchos de estos relojes fueron encargos personalizados para los clientes.

Con Blancpain, el reloj erótico recupera su elegancia

Recuperando la Alta Relojería…

Otra marca resurgida, Ulysse Nardin también se apuntó a la moda de lo erótico y ha ofrecido al mercado extraordinarias piezas, tanto con autómatas y grabados como más recientemente con delicadísimos esmaltes con los dibujos de Milo Manara como motivo.

O los independientes, generalmente con poco margen para negarse a las peticiones de sus clientes. Svend Andersen tuvo su momento de gloria con algunos relojes de -para mí- dudoso gusto, como el que mostraba al presidente Clinton por delante y por detrás (del reloj). Para los Millennials: Clinton fue el presidente de los Estados Unidos más o menos cuando ellos nacieron.

Bill Clinton, un presidente animado

A principios de este siglo, y aprovechando su sistema Eclipse, JLC realizó algunos encargos de temática erótica: el mecanismo consiste en unas lamas que se apartan a voluntad mediante una corona auxiliar para ocultar o descubrir la esfera. Otra posibilidad es que la escena en cuestión —siempre esmalte, nunca autómatas— se ubique precisamente en el reverso del reloj.

JLC Reverso erótico, uno de uno

Déjenme decirlo: el estilo de Jacob&Co es chabacano. El amontonamiento de diamantes en caja y esfera per se no confiere clase ni elegancia a nadie. Si además lo “adornas” con escenas que parecen sacadas de principios del siglo XX (cuando el tema perdió charme ¿recuerdan?) la cosa no mejora nada. Pero debe tener su público, desde luego.

Si hay una marca a la que podamos poner el adjetivo de “rompedora” esa es Richard Mille. También es hija de su tiempo. En un momento histórico en que internet no ha dejado ningún resquicio para el misterio en lo tocante al erotismo, la marca presentó -2015- el RM69, un reloj erótico absolutamente distinto de todo lo visto hasta entonces. Además de un tourbillon, el mecanismo -desarrollado por Renaud & Papi- presenta un conjunto de tres rodillos facetados conteniendo palabras capaces de formar frases relacionadas con el asunto, que se componen aleatoriamente al accionar un pulsador en la carrura. Solo se hicieron 30 unidades… 69 horas de reserva de marcha, claro.

… y la frescura

Finalmente, el pasado día 1 de abril (April’s Fools, el equivalente anglosajón al día de los inocentes) Nivada anunció su Antartic Erotic, donde el pingüino que había estado adornando las traseras desde la fundación de la marca tomaba vida y recuperaba la tradición de los autómatas en una forma que me atrevo a calificar de simpática (y técnicamente bien resuelta, además). Se ofreció en varias esferas, una de ellas solo se podría pedir en una ventana de 69 minutos, otra durante 69 horas, mientras que para las cuatro restantes el plazo se alargaba a seis días y nueve horas. Fueron series limitadas a los pedidos. Es decir, que quien quiso pedir uno no tuvo que sufrir por quedarse fuera, pero la marca anunció que una vez cerrado el plazo no volvería a hacerlos.

Nivada Antartic Erotic, el pingüino en movimiento

¿Habrá alguna una app erótica para smartwatches? No lo duden.

Sobre el autor

Anton Vallverdú

Colaborador Aficionado a los relojes desde que el Polerouter del abuelo se cruzó en su vida, es el fundador y administrador del foro Relojes Especiales, un referente en internet desde hace más de veinte años. Su lema: "más de los que debería, menos de los que me gustaría"

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