Historia

8 min de lectura
04.08.2026

Javier Sedano

Redactor

Catedrales del tiempo en el corazón de Europa

Hay ciudades ligadas irremediablemente al tiempo. De hecho, todas ellas, de una u otra manera, están conectadas con el irrefutable pasar de las horas. Con el lógico paso de los días, los años y los siglos. Porque todas, en mayor o en menor grado, son el resultado del transitar y del vivir, que no es otra cosa que el obstinado y machacón paso del tiempo.

Pero de entre todas, hay un puñado cuya identidad está íntimamente pegada a esa circunstancia, labradas para siempre en la roca del espacio y del momento. Talladas en esa dimensión elástica y sinfín que es la que existe entre las manillas del reloj. Ciudades en las que un reloj dejó su impronta para la eternidad y pasó de ser un simple mecanismo para convertirse en símbolo, patrimonio y memoria colectiva.

La mayor parte de ellas se encuentran muy cerca de nosotros. Los relojes monumentales de Europa son como nuestras catedrales, palacios, puentes y plazas: un milagroso pedazo de la historia. Esos mismos relojes han observado coronaciones, guerras, revoluciones, celebraciones y han acompañado la inevitable transformación del espacio en el que habitan y para el que fueron concebidos.

El reloj astronómico de Praga (a la izqda.) es muestra del ingenio humano.

Un legado de siglos

Quizá ningún ejemplo sea tan fascinante como el del Reloj Astronómico de Praga. Instalado en la fachada del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja en 1410, sigue siendo uno de los grandes tesoros de Europa. El reloj representa la unión entre ciencia, arte, astronomía y religiosidad en una época en la que comprender el movimiento del tiempo significaba también comprender el lugar del ser humano en el universo. Es tan bello que cuenta la leyenda que las autoridades sacaron los ojos al maestro relojero, creador del prodigio, para que nunca pudiese crear otro igual.

Algo parecido ocurre en Estrasburgo, donde el extraordinario reloj astronómico de la catedral parece desafiar las leyes de la mecánica. Obra maestra del Renacimiento y reconstruido posteriormente en el siglo XIX, es una demostración de la precisión artística y del ingenio técnico. Durante generaciones ha simbolizado la capacidad humana para medir el tiempo y transformarlo en conocimiento. No es casualidad que continúe siendo uno de los grandes iconos culturales de Francia y del viejo continente.

Pero si hablamos de ciudades definidas por los relojes, resulta inevitable mencionar a Londres. De hecho, pocas imágenes definen a la capital británica como la silueta del archiconocido Big Ben. Más que un reloj, el Big Ben representa una idea: la puntualidad, la estabilidad y la continuidad histórica asociadas al Reino Unido. Durante más de siglo y medio ha marcado las horas de la vida londinense y se ha convertido en una de las imágenes más universales.

Panorámica de la bucólica ciudad suiza de Berna.

Más discreta es la ciudad suiza de Berna. En el corazón de su casco histórico se alza la Zytglogge, una torre medieval con reloj astronómico que recuerda hasta qué punto Suiza ha construido parte de su identidad alrededor de la precisión relojera. Mucho antes de que el país se convirtiera en referencia mundial de la alta relojería, este prodigio ya regulaba, desde 1530, la vida urbana y el ritmo cotidiano de sus habitantes. Todo funciona al milímetro en un alarde de ingenio que confluye en un desfile coreografiado de personajes danzantes. Cada hora, ininterrumpidamente.

Un gigantesco reloj aparece insertado en uno de los arcos del Palacio de la Dinastía, en Bruselas. Construido en 1964, no goza del glamour que proporciona el paso de los siglos y todavía está lejos de pasar a los libros de historia, pero su significado bien merece aparecer en este espacio. El carrillón es obra del arquitecto Jules Ghobert y cada una de las horas viene acompañada por una pequeña estatua que representa una figura histórica de la ciudad. Todo el conjunto está acompañado por 24 campanas que se encargan de tocar diferentes melodías.

Imagen de la Torre Spásskaya y su reloj en la Plaza Roja de Moscú.

La Torre Spásskaya del Kremlin —durante siglos fue su entrada principal— no es cualquier cosa. La torre alberga el más famoso reloj de Moscú, uno de los símbolos de la capital rusa e imagen incomparable de la Plaza Roja. La torre y su reloj datan del siglo XV, aunque el actual mecanismo es del XVII. Su complejo sistema ocupa tres pisos, tiene tres órganos y diez campanas. Todos los días, a las 12 horas, toca el himno nacional ruso.

Dubrovnik es una de las ciudades más bellas de Europa. La llamada “Perla del Adriático” ha conseguido sobrevivir a incontables guerras y despiadados terremotos. La ciudad croata podría ser el símbolo europeo de la resistencia. Y frente a esa vorágine destructora se levanta, desde el siglo XV, una torre que da cobijo a un reloj, de estilo veneciano, tan sencillo como enigmático. Solo tiene una única aguja que marca las horas y dos gatos de bronce, Maro y Baro, se encargan de golpear la campana cada hora.

Otra Torre del Reloj (¡Europa es un mosaico de torres y relojes!) domina la colina de Schlossberg y es el gran símbolo de la ciudad austriaca de Graz. El conjunto forma parte de la estampa habitual y coqueta de un conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad. La torre, que data del siglo XVI, sirve de marco a un reloj, que conserva el mecanismo realizado en 1712, que tiene la peculiaridad de que la manecilla de las horas es más larga que la de los minutos. Una singularidad que hace de este reloj algo muy especial.

La majestuosa Rouen y su reloj, uno de los más bellos de Francia

Y terminamos en otra ciudad francesa: la monumental Rouen. El centro histórico de la capital de Normandía acoge uno de los relojes astronómicos más bellos de toda Francia. El Gros Horloge (Gran Reloj) fue montado en 1389 y su mecanismo atraviesa toda una calle mediante un arco renacentista. El reloj se construyó originalmente sin esfera, con una manecilla que se mueve marcando las horas. El mecanismo se electrificó en la década de 1920.

¿Y España? ¿No hay en nuestro país relojes dignos de aparecer en un listado exclusivo? Pues quizá este rincón del mundo no haya sido referencia relojera a lo largo de los siglos y tampoco haya encumbrado mecanismos únicos y especiales, pero España acoge también relojes tan singulares como exclusivos. Baste, por ejemplo, mencionar el reloj de los Maragatos de la leonesa Astorga, el reloj del Arsenal Militar de Ferrol o el vínculo de Jerez de la Frontera con la relojería monumental y artesanal. Pero esa es otra historia que contaremos en una próxima entrada.

Sobre el autor

Javier Sedano

Redactor Profesor de Empresa Informativa en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM y profesor de Comunicación en la Universidad Isabel I de Burgos. Doctor ‘cum laude’ y Licenciado en Periodismo por la UCM. Máster en Publicidad y Comunicación Empresarial (ESIC) y Máster en Radio (RNE-UCM). Miembro del grupo de investigación Mediacom UCM, de la Preincubadora de Emprendimiento de la Facultad de Ciencias de la Información y socio de honor ProCom. Es asesor de Comunicación. Ha sido director de Comunicación de Nyesa Valores Corporación, S.A.; asesor de Comunicación de la Secretaría de Estado de Hacienda; patrono y director de Proyectos de la Fundación Transparencia y Opinión; redactor-jefe del diario La Gaceta de los Negocios; y redactor-presentador en Intereconomía TV, Radio Intereconomía y RNE.

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