Historia
Libros escritos en tiempo récord
Escribir un libro supone enfrentarse a un mundo sin reglas, al menos, a un objetivo que carece de una sola regla. Puede ser un proceso natural y relativamente fácil, como también un camino repleto de obstáculos, tan lento como doloroso. Un intrincando juego que siempre comienza con una hoja en blanco o con una pantalla dominada por la monótona cadencia del puntero.
Y en todo ese proceso, sea el que sea y se escriba lo que se escriba, se dan cita la perseverancia, la resistencia, la originalidad, la soledad –dice el gran Murakami que una vez que se empieza a escribir, quién lo hace está solo y nadie va a acudir en su ayuda- y el inexorable paso del tiempo: el tiempo de la vida y el tiempo de la escritura. Aseguraba la escritora chilena Isabel Allende que escribir “es la única manera de hacer eterno lo efímero”. Una eternidad que puede ser el resultado de meses y años de trabajo -Marcel Proust tardó 14 años en escribir “En busca del tiempo perdido”- o la consecuencia de un suspiro, producto de la necesidad, la inspiración, el desfase o la arrogancia.
Nosotros aquí vamos a quedarnos con estas últimas, con las obras gestadas en días o en pocas semanas, inolvidables y que ya forman parte de la historia de la literatura. Esta es una pequeña muestra de algunas de esas novelas que vieron en el tiempo la solución.
Pero antes regresemos a Murakami y a su lapidaria frase: “Para escribir una novela, sea cual sea, hay que leer muchos libros”; y a Javier Cercas: “Quien no lee o no escribe vive menos”. Así que, queridos lectores y amantes de los relojes, leed y disfrutad del paso del tiempo entre palabras.
“LA CELESTINA” – Fernando de Rojas (1499)
“Assimesmo pensarían que no quinze días de unas vacaciones, mientra mis socios en sus tierras, en acabarlo me detuviesse, como es lo cierto; pero aun más tiempo y menos acepto…”. Fernando de Rojas confiesa en el prólogo inicial que, una vez esbozado el primer acto, finiquitó una de las obras más importantes de la literatura universal en apenas dos semanas.
De no existir “El Quijote”, ha dicho más de un crítico, “La Celestina” sería la primera obra de nuestra literatura. A las puertas del Siglo de Oro, la pieza de Fernando de Rojas es un compendio sin igual de géneros, temas, personajes y estilos, así como un fresco impagable de una sociedad y una época que se mueve entre el cinismo, el paso del tiempo, la muerte y el amor. El poder del amor como el gran equívoco de la época.

“EL JUGADOR” – Fiódor Dostoyevski (1866).
El genial autor ruso escribió este cuento en apenas 26 días acosado por las deudas del juego y por el cumplimiento en plazo de un contrato que le impuso el editor Fiódor Stellovski para que escribiese una novela para el 1 de noviembre de 1866. En caso de incumplimiento, el editor se quedaba con los derechos de autor de todo lo que escribiera Dostoyevski durante los siguientes nueve años.
En tiempo récord, entre los días 2 y 29 de octubre de ese año, el autor dictó “El jugador” -novela semiautobiográfica- a la taquígrafa Anna Grigórievna Snítkina, con quien se casaría pocos días después.
“EL EXTRAÑO CASO DEL DR. JEKYLL Y MR. HYDE” – Robert L. Stevenson (1886)
¿Quién no ha oído hablar en alguna ocasión del Dr. Jekyll? ¿Quién no ha recibido ecos del trastorno de identidad? ¿Quién no se ha sentido en alguna ocasión atraído por la dualidad humana? ¿Quién no ha fantaseado con ser otro? Pues todo eso y más se concentra en el famoso relato de Robert Louis Stevenson, con el que transmite su particular visión de la condición humana.
Un Londres brumoso y fantasmal sirve de marco para una trama que nació de una pesadilla de Stevenson, que llevaba semanas meditando sobre esos asuntos. Enfebrecido, agitado y debilitado por una hemorragia producto de su tuberculosis escribió la obra en tres días. Cuentan que su esposa al leer el manuscrito lo arrojó al fuego y Stevenson tuvo que volver a reescribirlo en otros tres días febriles. Esta segunda versión, afortunadamente, consiguió salvarse de las llamas.

“ESTUDIO EN ESCARLATA” – Arthur Conan Doyle (1887)
“Estudio en escarlata” no es cualquier novela. Se trata de la obra que da inicio a las aventuras y desventuras de uno de los personajes más emblemáticos de toda la historia de la literatura universal: Sherlock Holmes.
Arthur Conan Doyle la escribió en tan solo tres semanas. Junto a su inseparable doctor Watson, su contrapunto, el más famoso detective recorre las calles londinenses para resolver un crimen repleto de pistas falsas y giros inesperados.
“EL AGENTE CONFIDENCIAL” – Graham Greene (1939)
“Esta es una novela escrita en seis semanas en 1938. Me asombra pensar que por aquel entonces podía escribir habitualmente una novela en nueve meses… pero hacerlo en seis semanas…”. Así arrancaba el autor escocés el prólogo de “El agente confidencial”, escrito en un tiempo de trincheras a caballo entre la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial.
Y lo hizo también alternando su escritura con la de “El poder y la gloria”, libro que sospechaba que no le iba a proporcionar el dinero suficiente, por lo que se lanza a crear -“lo más rápido posible por las mañanas”- esta novela de entretenimiento e intriga que le proporcionó el sustento suficiente para su familia.

“EN EL CAMINO” – Jack Kerovac (1957)
Menos de un mes -exactamente, 21 días– es lo que tardó Kerovac en levantar la que para muchos es la biblia de la Generación Beat. El autor se pasó siete años viajando por Estados Unidos, una vivencia frenética repleta de sucios moteles, excesos de todo tipo, vidas al límite y desolación que conforman el telón de fondo de una obra que funciona como una crónica vital y social.
Para lograr ese tiempo récord, Kerouac unió hojas de papel de teletipo para formar un rollo continuo de 36 metros que le permitiera teclear sin interrupciones para cambiar de hoja, logrando así un flujo de escritura continuo y sin censura. Hay quienes aseguran que escribió la obra bajo los efectos de muchas drogas, aunque lo cierto es que el autor se mantuvo despierto gracias a las enormes cantidades de café que llegó a beber. Por cierto, Kerouac tardó seis años en lograr que fuera publicada.
“LA NARANJA MECÁNICA” – Anthony Burgess (1962)
El británico Anthony Burgess -al que erróneamente le habían diagnosticado un cáncer terminal- admitió haberla escrito en apenas tres semanas, motivado únicamente por el dinero y por el fuerte deseo de demostrar que podía rápidamente crear una novela innovadora.
La oscura y cruda distopía de la “La naranja mecánica” es en realidad un alegato a la libertad y a la maravillosa posibilidad de poder elegir entre el bien y el mal. Así pues, es digna sucesora de la tradición distópica británica y de obras como “1984”, de George Orwell, y “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.
La novela gozó de un gran éxito, aunque, en parte, fue eclipsado por la adaptación cinematográfica que dirigió Stanley Kubrick, estrenada en 1971.
“EL FUGITIVO” – Stephen King (1982)
“El fugitivo” fue escrito en una semana y, como reconocía el propio King, se trata de “… un libro escrito por un hombre joven que estaba enfadado, energético y obsesionado con el arte y la artesanía de escribir”.
La novela transcurre en el año 2025 en un Estados Unidos distópico -de nuevo, el elemento distópico- con un gobierno autoritario y donde la televisión es la única realidad. Más concretamente un concurso televisivo, que bate récords de audiencia, cuyo principal atractivo es la muerte de los participantes. ¿Os suena de algo?

“LO QUE QUEDA DEL DÍA” – Kazuo Ishiguro (1989)
Ishiguro escribió este conmovedor relato en poco menos de cuatro semanas después de un planificado plan de trabajo y de aislarse del mundo.
El resultado fue una obra maestra, una maravillosa novela en la que un mayordomo, consagrado en cuerpo y alma a un lord inglés, reflexiona sobre el alto precio pagado por tanta devoción. En realidad, la novela profundiza en el valor del tiempo perdido, el pasado irrecuperable, la represión de los deseos y la negación de los sentimientos.
“Lo que queda del día” fue llevada al cine por James Ivory en 1993. Para el recuerdo las actuaciones de Anthony Hopkins y Emma Thompson.
“EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS” – John Boyne (2006)
El novelista irlandés John Boyne reconoció que escribió un primer borrador de la obra en el tiempo récord de dos días y medio, sin apenas parar a comer o a dormir. Su escritura fluyó desde el primer momento y la historia le absorbió tanto que le obligaba a no detenerse, algo inaudito en un autor que reconoció que necesitó muchos meses para levantar el resto de sus novelas.
La obra, ficción dramática del Holocausto ambientada en el campo de concentración de Auschwitz, ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo y alcanzó el número uno de las listas de ventas de The New York Times. Reino Unido, Australia, Irlanda… la novela, no exenta de cierta polémica, se convirtió en un best seller internacional.







