Historia
Relojes con alarma mecánica: una cronología abreviada
A comienzos del siglo XX, los relojes de pulsera se popularizaron enormemente entre la población, sobre todo entre el público masculino, dado que entre las mujeres ya se llevaban desde hacía décadas. Los relojes analógicos de pulsera fueron adquiriendo complicaciones cada vez más elaboradas: relojes sumergibles, fechadores, cronógrafos, medidores de reserva de marcha, calibres automáticos…
Pero en la década de los años 40, se empezaron a comercializar y a popularizar diferentes relojes con alarma mecánica. Desde Jaeger-LeCoultre (en adelante JLC), hasta Seiko, pasando por modelos muy cotizados hoy en día, como lo son los Vulcain Cricket.
Aunque fue Eterna en 1914 la pionera, su prototipo no triunfó, porque el limitado espacio de la caja obligaba a usar un muelle muy pequeño. Apenas sonaba unos 7 segundos y las vibraciones de su maquinaria, en un espacio tan reducido, afectaban notablemente a la precisión del reloj.

En el 47, Vulcain –tras varios años de investigación– consigue desarrollar una alarma lo suficientemente consistente como para emitir sonido hasta durante 25 segundos, con un mecanismo de empleo sencillo de usar para cualquier usuario.
El primer modelo Cricket incorporaba dos barriletes: uno para accionar las funciones del cronómetro y otro para las funciones de la alarma. Además, permitía programar dicha alarma para las 24 horas siguientes –cosa que tampoco había conseguido gestionar Eterna–. Su denominación Cricket (grillo en inglés) venía precisamente de ese ruido que emitían.

En el mercado estadounidense, estos relojes adquirieron tal popularidad que acabaron conociéndose coloquialmente como “los relojes de los presidentes”, convirtiéndose en un obsequio habitual para los inquilinos de la Casa Blanca. Truman, Eisenhower, incluso Bush u Obama poseyeron este tipo de relojes. Y es que el Vulcain Cricket es históricamente el reloj “más emblemático de los mandatarios estadounidenses”.

En 1951, Jaeger-LeCoultre lanza su Memovox –en respuesta un poco al protagonismo que estaba adquiriendo el Vulcain Cricket–. Diversos calibres de esta firma se irían sucediendo (el calibre 489, luego el 489/1, luego el 814), hasta llegar al que dotaría al reloj de una de sus peculiaridades más características: el calibre 601. Dándole a esta pieza su cuarta aguja para programar la alarma.

Cabe destacar que esta complicación no sería exclusiva de JLC, dado que la firma vendía sus calibres a otras casas relojeras, como IWC y su GTS Alarm, o Favre Leuba –hermanada con JLC en la década de los 70–.

Otro modelo posterior, pero quizás uno de los más icónicos, es el japonés, el Seiko Bell-Matic. Lanzado por primera vez en 1966, su ingeniería no difería de la de sus congéneres, operando mediante dos barriletes independientes que alimentaban la energía de este reloj. Uno para su alarma y otro para su carga energética.
Cada fabricante tuvo que resolver, eso sí, cómo dar cuerda a esos dos barriletes distintos. En el caso de Seiko, optaron por emplear un mecanismo automático y así permitir que la corona diera solo cuerda a la alarma mecánica.









